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segunda-feira, 30 de maio de 2016
El Madrid de las visiones
el país.es
En 25 años el Real ha ganado siete Ligas y cinco Copas de Europa, números que describen una forma de entender el club, volcado a su competición fetiche
Viernes noche en Milán, un restaurante en la Vía Vittor Pisani, a tres kilómetros del Duomo. Milán es atlético; en ruido, en camisetas, en fiesta. En ese rincón del centro aficionados madridistas ocupan varias mesas; con los licores, se vienen arriba y empiezan los cánticos mientras aporrean las mesas. En el salón se asoma un hombre fuerte, de perfil cansado y cabeza rapada. Observa la escena divertido con las gafas en la punta de la nariz. Uno de los aficionados lo reconoce: es Adriano Galliani, consejero delegado del Milan. Galliani también lo reconoce a él, son viejos amigos: se dan un abrazo, Galliano recuerda su amistad histórica con el Madrid, los lazos aristocráticos que unen a los dos clubes con más Copas de Europa (10 el Madrid esa noche, 7 el Milán; razón por la cual, cabecea Galliani, quizás deba ganar el Atlético mañana).
El club más laureado de la historia no sabe a qué juega desde hace 25 años, y en ese tiempo ha ganado todas las finales de Copa de Europa que ha jugado
No hay duda de que el restaurante es milanista: no sólo Galliani está cenando allí en una mesa, sino que de las paredes cuelgan dos enormes fotografías que despiertan el fervor de los blancos. En una, un joven jugador llamado Fabio Capello levanta la Copa de Europa abriéndose paso entre una multitud; en otra, Carlo Ancelotti es manteado después de conseguir una Champions.
Milán es el escenario de la leyenda negra del último Real Madrid de fútbol reconocible, de huella genética: el Madrid de la Quinta. Cuando perdió aquí 5-0 en la peor noche europea —sigue siéndolo— se habían enfrentado dos culturas que aspiraban a quedarse con el continente: la fábrica de fútbol de los Míchel y Butragueño contra la revolución contracultural de Sacchi capitaneada por Baresi y liderada por Rijkaard, Gullit y Van Basten. Los dos tenían un patrón de juego, una manera de ver el fútbol; los dos eran una escuela. En Barcelona Cruyff llevaba un año tratando de aplicar la suya, completamente diferente, en una plantilla que explotó dos años después en el Dream Team.
Ha pasado desde entonces más de un cuarto de siglo y el Madrid no ha vuelto a tener un estilo propio. Nada que le durase más de dos temporadas. Entrenadores defensivos, ofensivos, revolucionarios, modernos y antiguos, españoles y extranjeros. La excelencia, la palabra de moda del florentinismo, trajo una sucesión de cracks y un sobrenombre, por fin: el Madrid de los Galácticos. Pero aquello no tenía que ver con el juego sino con las individualidades; era un bautizo dañino, como supo ver Di Stéfano, y tras dos Ligas y una Champions adaptando su juego a todas las circunstancias la constelación fue absorbida por un agujero negro.
Desde la Quinta el club ha ganado dos ligas más que Champions
Una de las pruebas de la enloquecida dinámica blanca es que en la expedición a Milán el debate estrella es cómo jugará el equipo. Una discusión que no existía con la Quinta, que no existe con el Barça. Si saldrá o no el Madrid a por el balón, si se recogerá, si presionará arriba o si dejará correr los minutos. El club más laureado de la historia no sabe a qué juega desde hace 25 años, y en ese tiempo ha ganado todas las finales de Copa de Europa que ha jugado, cinco. En ese mismo período de tiempo ha ganado siete ligas, una competición en la que existe una brecha enorme entre Barcelona, Madrid y el resto.
Los números son ésos: desde la Quinta el club ha ganado dos ligas más que Champions. La explicación tiene que ver con la regularidad, los famosos ciclos que en el Madrid han quedado fulminados bajo la expectativa pesada de la Champions. Y que el Madrid es un club diseñado para ganar en Europa cada vez con menos complejos, y por tanto con enormes riesgos: se lo dice su afición, pero también la cuenta de resultados y el impacto global que tiene la Copa. Por eso en el avión de vuelta, que salió con retraso de Milán y aterrizó con las primeras luces del domingo en Barajas, la felicidad tenía más que ver con un objetivo cumplido que otra cosa. Se había ganado una Champions, se había cumplido una misión.
Un palé de champán
Un segundo después de marcar Cristiano Ronaldo su penalti una sombra bajó como una exhalación las escaleras del palco. Era Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid. Que llegó a la zona VIP completamente solo en una estampa cinematográfica. Y así se quedó unos minutos mientras escribía en el móvil hasta que llegaron el Rey y el presidente del Gobierno. En Lisboa, un empleado de la UEFA metió en el minuto 91 un palé de champán en el vestuario rojiblanco; el palé salió dos minutos después para quedarse donde estaba. Pocas veces la suerte en Champions se ha ensañado de tal manera con un equipo como contra el Atlético, pocas veces una afición ha soportado tres derrotas tan crueles en una final: 1974, 2014, 2016. La sensación de fracaso expresada por Simeone amplifica un drama pero también describe, paradójicamente, un cambio de mentalidad atlética: se considera fracaso perder la final de la Copa de Europa, incluso a los penaltis. En realidad no es la declaración de un entrenador hundido sino la frase con la que se abordan ahora las derrotas en el Atlético: como se han abordado siempre las del Barcelona y las del Madrid, clubes para los que no ganar una final siempre es un fracaso se pierda como se pierda.
Cientos de aficionados esperaron al Madrid en Barajas, miles seguían de mañana cantando en Cibeles. “¡Sufrimos!”, suspiró Marcelo al subir al avión, luego rompió en una carcajada: “Pero ganamos, ¿eh?”. A Lucas Vázquez le había dicho a mitad de temporada el director general, José Angel Sánchez, que iba a salir en el segundo tiempo de la final de la Copa de Europa e iba a marcar el gol decisivo. Se lo recordó Vázquez: “A casi todo sí”. El gallego fue al punto de penalti haciendo malabares con la pelota en la mano; con las aficiones arrasadas por los nervios, ese gesto fue un puñetazo en la mesa. Lo tiró tranquilísimo y detrás de él todos: penaltis de manual, imparables, también los de los atléticos. Salvo uno. Hasta Cristiano dijo que había tenido “una visión”, frase que a falta de argumentos científicos mejores resuelven la relación del Madrid con la Champions.
Los protagonistas de la Undécima
Los blancos, guiados por Sergio Ramos, Cristiano y Casemiro consiguen otra Copa de Europa después de una temporada llena de sobresaltos
"Ojalá puedas vivir esto un día como primer entrenador", le dijo Carlo Ancelotti a Zinedine Zidane en el estadio Da Luz de Lisboa en mayo de 2014. El francés era, por aquel entonces, el ayudante del técnico italiano con el que el Real Madrid ganó la Décima. Después de ocupar varios cargos en el club (asesor del presidente, enlace entre la plantilla y el primer equipo), con la marcha de José Mourinho, Zidane le pidió a Florentino Pérez poder trabajar al lado de Ancelotti. Quería aprender el oficio. Nadie se esperaba que, dos años después, Zizoulevantara una Copa de Europa como entrenador y junto a sus jugadores.
Ver fotogaleríaLos jugadores del Real Madrid levantan la Copa de Europa. CLAUDIO ALVAREZEL PAÍS
"Ojalá puedas vivir esto un día como primer entrenador", le dijo Carlo Ancelotti a Zinedine Zidane en el estadio Da Luz de Lisboa en mayo de 2014. El francés era, por aquel entonces, el ayudante del técnico italiano con el que el Real Madrid ganó la Décima. Después de ocupar varios cargos en el club (asesor del presidente, enlace entre la plantilla y el primer equipo), con la marcha de José Mourinho, Zidane le pidió a Florentino Pérez poder trabajar al lado de Ancelotti. Quería aprender el oficio. Nadie se esperaba que, dos años después, Zizoulevantara una Copa de Europa como entrenador y junto a sus jugadores.
Lo hizo anoche en San Siro. Después de una final decidida en la tanda de penaltis. Lo hizo después de llegar al banquillo del primer equipo como solución de emergencia el pasado mes de enero. El club, eliminado en la Copa por alineación indebida de Cheryshev y moribundo en la Liga por la falta de feeling entre Rafa Benítez y la plantilla, parecía encaminado hacia otro año en blanco. Zidane, con año y medio de experiencia en el banquillo del Castilla, ha conseguido el milagro. "Estoy muy feliz por él, porque es humilde y trabajador", le piropeó anoche Cristiano Ronaldo. Otro de los protagonistas de la Undécima.
Los rezos de Keylor Navas
El portero del Real Madrid, que en agosto estaba subido a un avión con destino Manchester -el club le invitó a irse para dejar su sitio a De Gea-, asistió al penalti de Cristiano Ronaldo de rodillas y rezando con los brazos levantados. Es una de las imágenes que ha dejado a lo largo de la temporada: su ritual antes de cada partido es rezar, solo, cerca de la portería, antes de que el árbitro pite el comienzo. A principio de la temporada sostuvo al Madrid de Benítez. Después de un pequeño bache en diciembre y enero, recuperó su mejor versión. Paró tres de los cuatro penaltis que le lanzaron en Liga y llegó a la final de la Champions como el portero menos goleado (dos tantos encajados, tres con el de anoche).
Las lágrimas de Carvajal
El lateral del Real Madrid, formado y crecido en la cantera blanca, no encontraba consuelo anoche. Se tuvo que marchar del campo, lesionado, nada más empezar la segunda parte. Abandonó el terreno de juego sin poder parar de llorar. entre los abrazos de ánimos de Pepe, Sergio Ramos y Cristiano. Fue el que le dio el pase a Bale en la victoria por 1-0 en la vuelta de las semifinales contra el Manchester City. Fue también de los más destacados en la remontada contra el Wolfsburgo. Ha tenido muy buen nivel durante toda la temporada en la que ha jugado 30 partidos, marcado un gol y dado cinco asistencias. Ordenado en defensa, le ha dado vida al equipo por el carril derecho en los partidos en los que más atascado estaba.
Sergio Ramos, de Lisboa a 'su' San Siro
ver fotogaleríaSergio Ramos celebra el penalti durante la tanda. ALEJANDRO RUESGA
En una de las temporadas más complicadas por las lesiones -un problema en el hombro le obligó a jugar infiltrado hasta que tuvo que decir basta- que afectaron a su rendimiento, el capitán del Real Madrid se reivindicó en el estadio de su ídolo Paolo Maldini. El gol del 1-0 lo marcó, precisamente, en el fondo rossonero. Renovó el pasado verano tras unas negociaciones bastante tensas y llegó a verse fuera del Madrid. Anoche levantó la Undécima con el brazalete de capitán que heredó de Iker Casillas. Ha ido de menos a más y en las noches más complicadas (ida en el campo del City y final en San Siro) no ha fallado. Su "sabemos como ganarla" después de derrotar al Manchester City fue premonitorio.
La segunda juventud de Pepe
El central portugués, que se perdió la final de Lisboa por lesión, llegó a San Siro en muy buen estado de forma y después de una gran temporada. Anoche sacó de quicio al colegiado y exageró, haciendo teatro, con las reacciones, pero en los partidos más complicados de la temporada siempre se ha mostrado solvente. Nunca pierde la posición y ha sido insuperable en los duelos aéreos. El pasado martes le preguntaron si jugar la final era una victoria personal. "La victoria personal es despertarme y entrenarme a diario aquí, que es lo que más me gusta. Lo hago con mucho amor. Es lo que me ha permitido estar aquí tantos", contestó desvelando lo que le había dicho a Florentino Pérez. "Le he dicho al presidente y al entrenador que me dejen competir, porque lo que me hace estar bien es competir". Anoche se llevó su recompensa.
Marcelo, protagonista sin recambio
El lateral brasileño es el único jugador de la plantilla que no tiene recambio.Incansable, ha mantenido un nivel muy alto toda la temporada. Se le ha visto en todas las zonas del campo, centrando, creando peligro en el uno contra uno, desbordando, jugando entre líneas. Siempre acertado con el pase, ha sufrido en alguna ocasión en las tareas defensivas. Ha sido el oxígeno de Madrid. Ha jugado 41 partidos, marcado un gol y dado cinco asistencias.
Sufrió con Rafa Benítez, que paraba hasta los rondos de los entrenamientos para corregirle los movimientos. Con la llegada de Zidane, Modric recuperó su mejor versión. Liberado de ataduras y consignas tácticas, se le vio mucho más cómodo. Ha ordenado al equipo cuando lo ha necesitado, ha pegado gritos y broncas a los de arriba por perder balones y no bajar a defender, ha impulsado los cambios de ritmo y ha dado recitales de pases. Ha apelado a la pelota mientras los demás apelaban al carácter.
El acierto de Kroos
Al centrocampista alemán siempre se le ve asfixiado. Pero no falla un pase. Anoche Zidane le cambió en el minuto 71 pese a que estaba siendo uno de los mejores del equipo. La presencia de Casemiro le ha permitido respirar e incorporarse más al ataque sin tener que desdoblarse para recuperar balones y frenar los ataques de los rivales. Tarea, además, que nunca ha sido suya ya que siempre ha jugado más adelantado. Es el futbolista de la plantilla con más acierto en los pases: 94% por el 91% de Luka Modric.
Un muro llamado Casemiro
Anoche la prórroga se convirtió en un desfile de cadáveres y en un concurso de calambres. Salvo para Casemiro al que siempre le queda una reserva de oxígeno. El brasileño de 24 años fue uno de los protagonistas de la final (22 recuperaciones), nunca tiró la toalla y nunca dejó de correr y perseguir a los rivales. Pese a la cantidad de trabajo a la hora de barrer, se mantuvo lucido en el pase. Era el jugador qué más temía Simeone y le dio la razón. Su presencia le ha dado empaque y equilibrio al Madrid. Fijo con Benítez, desapareció de las alineaciones con el cambio de entrenador. Hasta que Zidane se dio cuenta de que era vital para el equilibrio del equipo.
La mejor versión de Bale
El galés se ha soltado en su tercera temporada en el Real Madrid. Cuando el equipo pegó el bajón en noviembre y diciembre, el galés fue el único que mantuvo el nivel. Ha jugado 31 partidos, marcado 19 goles y dado 15 asistencias. En San Siro arrancó como una bala y terminó con los gemelos acalambrados. Aún así quiso lanzar su penalti en la tanda y lo anotó.
ver fotogaleríaBale, con calambres, haciendo estiramientos. ARMANDO BABANIEFE
Goleador Benzema
A su llegada, Rafa Benítez le pidió más goles y más protagonismo. "Su problema es la continuidad", decía el técnico español. Benzema ha terminado la temporada con 28 tantos y 8 asistencias en 36 partidos. Uno de sus mejores registros desde que está en el Real Madrid (sólo marcó más goles, 32, en la temporada 2011-12 en la que jugó 52 partidos) Lo ha conseguido en su peor año a nivel extra-deportivo. Los líos judiciales por el presunto chantaje sexual a su compañero de selección Valbuena, le han dejado fuera de la Eurocopa y le han hecho pasar una noche en comisaría. Tocado en las últimas semanas, no se le vio tan rápido y lúcido como acostumbra en la final. Zidane le sustituyó en el minuto 76.
Cristiano, de menos a más
ver fotogaleríaLa alegría de Cristiano después de marcar el penalti decisivo. ALEJANDRO RUESGA
El portugués, el último en lanzar el penalti en la tanda que decidió la Champions, dijo hace pocos días que el Madrid era superior al Atlético pero que había que demostrarlo en el campo. No se le vio muy en forma durante el partido en San Siro (sin esa punta de velocidad que le distingue), pero marcó el gol que dio la Undécima al Real Madrid. Reconoció haber empezado la temporada de forma regular y haber ido creciendo poco a poco. La llegada de Zidane le devolvió la alegría. Ha terminado la Champions con 16 tantos y la temporada con 51, por séptimo año seguido ha alcanzado la cifra de los 50 goles.
La sorpresa Lucas Vázquez
Petición de Rafa Benítez, el canterano gallego ha sido la sorpresa de la temporada. Una temporada que ha terminado, además, con la convocatoria de Del Bosque para la Eurocopa. El extremo ha trabajado en silencio sin quejarse nunca y ha aprovechado al máximo las oportunidades que le han concedido. Revulsivo y desatascador de partidos, se ha matado a correr y a trabajar en defensa. Ha jugado 33 partidos, marcado 4 goles y dado 10 asistencias. Anoche relevó a Benzema en el minuto 76 y no se arrugó en la tanda de penaltis. Fue el que lanzó el primero.
Isco y James, las decepciones
No tuvieron espacio con Benítez (el colombiano también por culpa de las lesiones) y a pesar de los mimos públicos que les ha ido profesando Zidane, han sido relegados al banquillo. Isco jugó anoche la prórroga y los últimos 20 minutos de partido. James se limitó a calentar.
La solvencia de Nacho
El canterano del Madrid ha sido utilizado como comodín ya que puede jugar en todos los sitios de la defensa. Siempre que se le ha necesitado, ha cumplido.
ver fotogaleríaLos jugadores del Madrid mantean a Zidane. ALEJANDRO RUESGA
La ilusión de Zidane
"Hablo poco pero tengo ilusión", dijo el día de su presentación. Emocionado, repetía sin parar que el esfuerzo y el trabajo siempre tienen premio. Ha ido aprendiendo sobre el camino, ha cometido errores, pero también ha devuelto la alegría a una plantilla que estaba harta de Benítez. Los jugadores hablan de feeling y de que con Zizou todo es más fácil porque los conoce y porque fue futbolista. En cinco meses ha conseguido lo que nadie esperaba: llegar a la final de la Champions y ganarla y mantenerse en la pelea por la Liga hasta la última jornada.
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