A ver. Es evidente, lo dicen jugadores y porteros, que si un penalti se lanza bien es prácticamente gol seguro. Es una jugada clave, importantísima. Cierto. Pero, y no es frase mía, los penaltis solo los pueden fallar los que los chutan. Por eso, incluso aunque te llames Messi, es comprensible que puedas fallar una pena máxima.
No se le puede dar la más mínima culpa a Leo de que el Barça no sentenciara la eliminatoria. Si no sentenció, fue porque después de realizar una excelente primera parte, en la segunda volvimos a ver esa cara de un Barcelona no sabría decir si conformista, sobrado, falto de ambición... El Manchester City estaba tocado y hundido. Y se le dio la posibilidad de rehacerse, meterse en el partido y que hoy puedan seguir soñando con dar la campanada en el Camp Nou.
La culpa no fue de Messi. Jamás. La única culpa que tuvo Messi fue brindarnos una primera parte sencillamente genial. De jugador total. Moviéndose por todos los rincones del campo, con una sultura y una comodidad que daba gusto de ver.
Por eso, una vez más, me quito el sombrero ante Messi. No caeré en la trampa de decir que puede fallar todos los penaltis que quiera. Por supuesto que no. Seguro que él es el primero que está cabreado por haber fallado y con ganas de enmendar la plana. Pero si diré, que si Leo sigue dando recitales de juego como el de los primeros 45 minutos del martes, los barcelonistas tendrán muchos motivos para sonreir.
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