quinta-feira, 25 de fevereiro de 2016

¿Por qué la Champions nunca será como la Libertadores?

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Los dos torneos de clubes se diferencian por la esencia misma del latino.
¿Cómo no deleitarse con la fineza del Barcelona o la clase del Real Madrid? ¿Cómo no apreciar a las férreas defensas italianas o el despliegue de los conjuntos ingleses o la potencia alemana? ¿Cómo no emocionarse con el mismo himno de la Champions League?

Obvio, es imposible. La Liga de Campeones, el excelso torneo de clubes europeo, es imperdible. Pero por varias razones para los latinoamericanos la Copa Libertadores siempre tendrá un sabor especial.

Esta semana ambas competiciones entraron en sus fases interesantes. En Europa, los octavos de final. En Suramérica, la zona de grupos. Y según las estadísticas, solo ocho jugadores han logrado levantar los dos trofeos, entre ellos Cafú, Ronaldinho, Carlos Tevez y Neymar. 

No se puede negar que los latinos vibramos particularmente con la Libertadores. La primera explicación lógica es por la cercanía: es nuestra copa, la podemos y queremos ganar. Y ahí viene el segundo ingrediente: la juegan nuestros equipos amados, los que queremos de niños y a los que -con todos sus defectos- siempre debemos apoyar.

Otro argumento es la fiereza con que se juega. Y, si se quiere, la picardía. Difícilmente los europeos -siempre decentes- se atreverían a lanzar una patada malintencionada o a cazar una pelea o a provocar una tribuna. Y no, no es una defensa del juego sucio, porque también son de admirar los golazos, los caños y las filigranas. Es, más bien, un gusto por el fútbol de barrio, el que tradicionalmente ha caracterizado al suramericano.

Se podría decir que la Champions huele a perfume y la Libertadores a cancha, a barro, a adrenalina, a finales apretados, a resultados insospechados, a duelos con una historia inigualable. 

La ventaja para todos es que no hay que escoger. Usted puede ver la Liga de Campeones en la tarde, pasar el almuerzo con ella, y terminar el día con la Libertadores, para irse a la cama con una sonrisa en el rostro. 

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