El Villarreal CF superó cómodamente a un Levante CF que tendrá que seguir remando para lograr la salvación. Los de Marcelino, a dos puntos del Real Madrid.
Pocos analistas hubieran imaginado en el mes de septiembre una situación en la que, de ganar al Levante en El Madrigal, el Submarino Amarillo se pondría a 2 puntos del Real Madrid, todo ello a falta de 12 jornadas para la conclusión de LaLiga. Más aún si tenemos en cuenta que desde hace unas jornadas el Villarreal está por debajo del mejor equipo de la historia del balón pie, proclamado de esta forma por muchos periodistas: el Real Madrid de Zidane.
Marcelino, con la resaca del éxtasis napolitano del jueves, cambió a algunas de sus piezas claves: Víctor Ruíz, Mario, Pina, Denis, Bakambu y Soldado se cayeron del once en beneficio de Eric, Bonera, Marín, Nahuel, Trigueros, Castillejo, Adrián y Baptistao. El eterno capitán, Bruno Soriano, era uno de los infiltrados en esta camada de inhabituales.
Rubí llegó al Levante, como quien llega al Barça, y no fue hasta el transcurrir de varios partidos, sendas derrotas incluidas, cuando descubrió que lo único que tenían en común valencianos y culés era el color azulgrana de la camiseta. Para ello se reforzó con Verdú y Rossi, uno de los atractivos del partido, e hizo del Simao, Verdú y Verza su particular Busquets, Xavi e Iniesta.
La primera mitad: el dominio del Villarreal
El partido comenzó como terminó, con el dominio del Villarreal, que no sufrió en exceso para batir a un superado Levante, que es muy valiente porque pone en práctica el fútbol que quiere jugar, aun siendo conscientes de la dificultad que eso entraña en una plantilla que juega con el agua al cuello, con la tentación constante de poner el cerrojo y, así, pasar página hacia el próximo partido. El primer gol del Villarreal ejemplifica lo que es este equipo: Bruno presionó arriba para robar una pelota que filtró al borde del área donde un magistral Baptistao superó con clase a Mariño.
En esos 15 minutos entre el primer gol del brasileño y el segundo de Castillejo el Levante intentó poner una marcha más al encuentro, se quedó en eso. El Villarreal no necesita ni la posesión ni encerrarse atrás para desactivarte. El tanto del ex del Málaga, uno de los mejores en los 45 primeros minutos y cuya jugada el mismo comenzó, fue otra demostración de lo efectivo que puede llegar a ser este Submarino Amarillo. El segundo tanto despertó a los valencianos, que le pusieron más intensidad y presión. Morales, que se midió al reconvertido lateral Eric en uno de los duelos del encuentro, tuvo su oportunidad y no pudo aprovecharla.
La reanudación
El partido se reanudó con el tercer gol de Adrián, o mejor dicho, con la maravillosa asistencia de Nahuel, una de las joyas del Villarreal. El gol no cambió mucho lo que se esperaba de la segunda mitad y los de Marcelino continuaron practicando su fútbol. Mussachio, que venía de jugar en Italia, fue sustituido por su compañero más habitual en la zaga: Víctor Ruíz y, hablando de centrales, uno de los jugadores del Levante vio tarjeta roja por doble amarilla. ¿No hace falta decir el nombre, verdad? Rubí no se complicó y sacó del campo a Rossi y Verdú, pensando en el próximo partido, que seguro iba a tener más oportunidades para los suyos que el que estaba presenciando.
De lo más destacable de los 45 últimos minutos fue la casi cantada de Areola fruto del sol del Mediterráneo. El resto, una sucesión de tomas y dacas entre Levante y Villarreal, más por la pasividad mostrada por los de Marcelino, que sin perderle la cara al encuentro, rebajaron de forma considerable sus marchas. Que de vez en cuando asomaran los de Rubí no era problema, acababa de entrar Bakambu y Castillejo y Nahuel son futbolistas que disfrutan corriendo.
El partido terminó con el Villarreal a dos puntos del Real Madrid, aun siendo muy complicado colarse en la tercera plaza, pero con la sensación de que este equipo es uno de los mejores trabajados de España y de que, por supuesto, el himno de la Champions Leaguevolverá a resonar en los altavoces de El Madrigal la temporada que viene.
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